Seguro se preguntarán: ¿Y este tipo de dónde sacó lo profeta? ¿Quiere competir contra el pulpo alemán? ¿Cómo puede adelantar un resultado cuando este Mundial todavía no termina? Es sencillo, sobre todo cuando se habla del fútbol mexicano: La cadena de mediocridad y nulo espíritu de superación deportiva tiene condenado al ‘TRI’ y todo el entorno hasta el infinito.
Pasada la contundente eliminación ante Argentina y el intrascendente por no decir mal papel de la selección mexicana en el Mundial, se cumplió el rito de cada cuatro años: Unos días de decepción generalizada, algunas críticas al sistema en los programas deportivos, bajas en los rating televisivos, la renuncia del entrenador y tan tan… A comenzar de nuevo.
El medio del fútbol mexicano, y aquí que nadie haga a un lado porque incluye a aficionados y periodistas, no tiene memoria, ni al corto y mucho menos al largo plazo, la crítica a los directivos y la exigencia de cambios profundos se limita a los momentos en que la selección pasa penurias en las eliminatorias o los dos días posteriores a sus rutinarias eliminaciones en octavos de final del Mundial, nada más.
Nadie en la cúpula del fútbol mexicano tiene intención de mover un ápice de la maquinaria del balompié azteca, mientras el negocio sea tan redituable, los objetivos estarán cumplidos.
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