Falta poco para que caiga el telón del Mundia, el capitán de la selección vencedora levantará la copa, resplandecerá en la noche la luz de los fuegos artificiales, y Sudáfrica se quedará con unos inmensos colosos de costo millonario pero con futuro incierto.
Diez estadios en nueve ciudades, cuatro de ellos renovados y otros seis especialmente construidos para albergar el Mundial, algunos de ellos en ciudades que ni siquiera cuentan con un equipo en la elite del fútbol o el rugby nacional.
“Algunos de estos estadios, simplemente, no van a estar en posición de cubrir gastos. En este sentido, darán pérdidas”, dijo el mes pasado al diario “Mail & Guardian” el economista Stan du Plessis, de la Universidad de Stellenbosch.
El gobierno sudafricano ha desembolsado unos 2 mil 600 millones de dólares en los estadios del Mundial, dos de ellos, el de las pequeñas ciudades de Nelspruit y Polokwane, para albergar solamente cuatro partidos de la fase previa, un dispendio insensato para no pocos analistas.
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